Hacia el Domingo de la Palabra de Dios

En el subsidio litúrgico-pastoral que el Pontificio Consejo para la promoción de la nueva evangelización preparó para la celebración, S.E.R Mons. Rino Fisichella, presidente de este Dicasterio expresa que esta celebración: “permite nuevamente a los cristianos reforzar la tenaz invitación de Jesús a escuchar y valorar su Palabra para ofrecer al mundo de hoy un testimonio de esperanza que le permita ir más allá de las dificultades del momento presente”.

Es importante comenzar a organizar la celebración teniendo en cuenta los cuidados sanitarios necesarios por la situación de pandemia.

Tener en cuenta, en los preparativos, la oración personal y comunitaria por los frutos de la celebración y la apertura de corazón a la Palabra de Dios.  

Lema del Domingo de la Palabra de Dios 2022

Para este año, la perícopa seleccionada como lema para el Domingo de la Palabra de DIos está tomada de Lc 11,28:

¡Bienaventurado el que escucha
la Palabra de Dios!

En el subsidio litúrgico-pastoral que el Pontificio Consejo para la promoción de la nueva evangelización preparó para la celebración, S.E.R Mons. Rino Fisichella, presidente de este Dicasterio expresa que este texto es sumamente expresivo para la vida de la comunidad cristiana. Monseñor ubica la perícopa en su contexto: Jesús enseña el Padrenuestro, habla de la oración y realiza acciones mesiánicas.

«A la proclamación de la bienaventuranza une la escucha de la Palabra de Dios con su puesta en práctica. Se abre ante nosotros un doble horizonte. Por una parte, la existencia cristiana se caracteriza por la escucha de la Palabra de Dios. Ella ofrece un sentido tan profundo que ayuda a comprender nuestra presencia en medio de los altibajos del mundo. Siempre será una dura lucha entre los que se adhieren a la Palabra y los que se oponen a ella. Endulzar esta condición puede dar a los cristianos un papel social más remunerado, pero los hará insignificantes, porque al final seguirán siendo «tontos» y estarán sometidos. Se volverán como la sal que pierde su sabor y serán pisoteados y rechazados incluso por aquellos a los que han esclavizado (cf Mt 5,13). Ilusión de la que debemos rehuir con convicción para no hacer vano el Evangelio de la salvación. Por otra parte, no basta solo escuchar la Palabra de Dios. Jesús añade un verbo decisivo que implica «conservar» esta palabra en uno mismo mediante su observancia. Es constitutivo del anuncio cristiano dar testimonio de ella. Custodiar la Palabra equivale a hacer que se convierta en una semilla que da fruto a su debido tiempo (cf Lc 8,15). Su eficacia, sin embargo, no depende tanto del compromiso personal, sino de la fuerza que brota de esa Palabra divina.

La Palabra de Dios, por tanto, se traduce en la «voluntad de Dios», y viceversa, esta se convierte en su Palabra que obra la salvación. La comunidad cristiana, en consecuencia, se convierte en el lugar privilegiado donde se puede escuchar y vivir de esta Palabra, porque en la comunidad los cristianos son verdaderamente hermanos y hermanas que se apoyan los unos a los otros viviendo en el amor.

El Domingo de la Palabra de Dios, como puede verse, permite nuevamente a los cristianos reforzar la tenaz invitación de Jesús a escuchar y valorar su Palabra para ofrecer al mundo de hoy un testimonio de esperanza que le permita ir más allá de las dificultades del momento presente».

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